Internacionalizar la educación superior y la ciencia en México: desafíos

Sylvie Didou Aupetit[1]

Publicaciones recientes indican que, en América Latina, las políticas de internacionalización de la educación superior y la ciencia tienen profundos arraigos, nacional, regionales y locales (Didou y Escobar, coords., 2014). Dependen en gran medida de las decisiones gubernamentales sobre prioridades, inversiones, programas y convenios de cooperación preferente en distintos marcos de integración económica y diplomática.

México ha sido pionero en la implementación de una acción pública encaminada a internacionalizar la educación superior y la ciencia. Hoy, opera múltiples iniciativas, que interpelan a un número creciente de actores sociales (asociaciones, redes, empresas, ONG). No obstante, los programas se han consolidado en forma desequilibrada en relación a sus objetivos, ámbitos de aplicación y contrapartes. Han sido objeto de financiamientos pero esos han sido dispersos y a veces discontinuos. Han constituido un criterio casi tautológico de calidad pero no han sido acompañados por medidas concretas de evaluación. Han expandido la cantidad de sus beneficiarios pero los han diversificado poco. Internacionalizarse, en un país en el que según los datos de la UNESCO, sólo el 0.3% de la matrícula tiene acceso a la movilidad internacional, sigue siendo, de hecho, un proceso elitista.

En la década en curso, la internacionalización de la educación superior está entonces definida por:

  1. La instalación, en muchas IES, de dispositivos para la gestión de los procedimientos de internacionalización: hoy día, muchas cuentan con una oficina de relaciones internacionales, encargadas de asesorar trámites, producir datos sobre productos y diseminar información sobre convocatorias. En algunos casos, administran páginas Web especializadas, tienen una posición media-alta en el organigrama y autonomía decisional (Universidad Autónoma de Yucatán- UADY Global[2], Universidad Veracruzana[3], Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey-ITESM[4] o Universidad de Monterrey[5]). Pese a esas prácticas exitosas, varios estudios indicaron que, en América Latina, suele haber problemas en relación a la profesionalización de los equipos a cargo, los recursos y obligaciones de las oficinas y sus capacidades de establecer diálogos fructíferos con los actores estudiantiles y académicos (Escobar, 2014).
  2. La predominancia de las actividades vinculadas con la movilidad estudiantil saliente, de corta duración: esas están regidas por convenios que implican requisitos distintos para reconocer los créditos y periodos de estudio cursados afuera. Las experiencias adquiridas durante las estancias en el extranjero no siempre están capitalizadas ni socializadas adecuadamente en la institución de partida, una vez que hayan retornado los estudiantes.
  3. El despunte de esfuerzos para atraer a estudiantes internacionales (movilidad estudiantil entrante) con un mejoramiento cualitativo y una diversificación de los servicios a los alumnos extranjeros.
  4. Una promoción más decidida de las ofertas institucionales de formación y de aprendizaje del español, con un empoderamiento de las instancias a cargo y una participación creciente en ferias de promoción internacional de sus servicios (como la organizada por la Asociación de Educadores Internacionales- NAFSA).
  5. La construcción de la internacionalización como una cuestión de agenda. Pero, pese a que su inserción en documentos programáticos sea relativamente frecuente, funciona como una referencia retórica más que como una medición de desempeño institucional, conforme con una matriz insumo-producto.
  6. Esfuerzos de ubicación en un mercado internacional de la educación superior: la apertura de oficinas de representación o la prestación de servicios de formación en el extranjero, alianzas comerciales con instituciones foráneas o mediante fórmulas virtuales, son muestras de ello. La UNAM cuenta con varios campus en el extranjero, tres en Estados Unidos (Chicago/San Antonio/Los Ángeles), uno en Canadá, uno en París, uno en España y uno en China. El ITESM abrió opciones de formación en el extranjero, a través de soportes virtuales, diseñó programas de movilidad a la carta en México para estudiantes o profesores extranjeros que requieren estancias de formación y propició asociaciones foráneas de egresados, principalmente en Europa.
  7. Una carencia de investigaciones sobre asuntos claves en los procesos contemporáneos de internacionalización, por ejemplo, las co-graduaciones y co-titulaciones, las inversiones de los proveedores transnacionales en el sector educación superior y las solicitudes de reconocimiento y convalidación de títulos extranjeros presentados a la SEP y a las instancias habilitadas a tal fin en México.

En relación a la investigación, cambios importantes en la dinámica, los mecanismos y los alcances son constatables con respecto de:

  1. Los motores y soportes del fenómeno: la internacionalización de la comunidad científica descansa en la formación en el extranjero, en el posgrado y el postdoctorado, de los científicos mexicanos y en la incorporación de científicos extranjeros, a través de programas gubernamentales o institucionales para su inserción laboral en las IES nacionales. Esas dinámicas, disociadas pero convergentes, a contracorriente de la tendencia histórica a la consolidación endógena de la profesión académica, impactan crecientemente en las publicaciones en el extranjero, la inserción de los equipos mexicanos en circuitos internacionales de producción científica y la constitución de redes.
  2. La diversificación de las políticas de movilidad de recursos humanos para la ciencia y la tecnología: el CONACYT ha complementado su programa tradicional de becas de posgrado por otros de redes, sabáticos y estancias, SNI para los investigadores mexicanos radicados en el extranjero, apoyos a los postdoctorados, diseño de posgrados en co-tutela, repatriaciones e invitaciones de académicos extranjeros. También los ha vinculado internamente, enmarcando la movilidad corta estudiantil en el posgrado (becas mixtas) con la académica y con la realización de proyectos bilaterales de investigación.
  3. La consolidación de programas de transferencia de conocimientos, paralelos a la movilidad física de sus portadores. El Instituto para los Mexicanos en el Exterior administra un programa de diásporas científico-productivas, a través del programa Talentos Mexicanos en el extranjero en áreas estratégicas en las que las universidades mexicanas han concentrado capacidades de innovación.
  4. La instalación de programas macro de cooperación internacional o bilateral, con financiamiento para instalar hubs de cooperación científica, tanto entre universidades como entre esas y la industria (campus aeronáutico franco-mexicano de Querétaro, inaugurado en 2014).

Esos cambios han sido estrechamente amarrados a un marco de acción e inducción gubernamental armado en torno a convocatorias y apoyos financieros focalizados. No obstante las evoluciones en el diseño y en el número de los mecanismos orientados a incrementar el grado de internacionalización y a resolver los problemas de regulación que acompañan el proceso, la información para monitorear resultados y reorientar programas a partir de prácticas recomendables y de fracasos es insuficiente. En consecuencia, habría que generar datos duros sin menoscabo de la autonomía de las instituciones, siendo la definición de indicadores de internacionalización un pendiente a resolver, para monitorear el desarrollo de los procesos, en cada uno de los sectores que integran los sistemas nacionales de educación superior y ciencia.

Igualmente, es preciso identificar temas innovadores de investigación, integrando un registro actualizado de nuevos dispositivos y alianzas para la internacionalización. Deberían trabajarse experiencias de diversificación de las contrapartes en la cooperación internacional, en Asia (Ramírez Bonilla, 2014) o en el Norte de Europa (Suecia- Oviedo, 2014) aun cuando los principales socios de cooperación son Estados Unidos y los países centrales de Europa (Gran Bretaña, España, Alemania, Francia). Habría que documentar las articulaciones entre la internacionalización, las problemáticas institucionales y las necesidades de quienes son sus principales actores (investigadores, académicos y estudiantes). Llama por cierto la atención el escaso grado de concertación “social” en torno al diseño y a la ejecución de programas, definidos unilateralmente por tomadores de decisión y/o pequeños grupos “técnicos”. En el tenor de la construcción de consensos en torno a la internacionalización, ¿Quién financia los programas, cuánto se invierte en ellos, quiénes los definen y quiénes los avalan? aparecen como tres asuntos a discutir.

Como lo señalamos anteriormente, tanto las políticas gubernamentales en México como los programas institucionales o asociativos de internacionalización auspiciaron que ésta sea pensada como una estrategia para demostrar la calidad más que para incrementarla, para recortar elites más que para democratizar las oportunidades. De esa constatación, derivan cuestiones interconectadas. Para dar un solo ejemplo, en relación a la movilidad internacional, una concierne las condiciones de co-participación en la absorción de sus costos en un país como México, con una distribución del ingreso polarizada y desigual. Otra está vinculada con los criterios de selección de los candidatos, instrumentales más que meritocráticos, sociales más que intelectuales (por ejemplo, con respecto del dominio de los idiomas extranjeros). La tercera versa sobre el aminoramiento del riesgo para los estudiantes que proceden de grupos sociales en los que la movilidad es inusual.

El ejemplo anterior indica que no sólo es preciso robustecer la internacionalización, haciendo más de lo mismo, sino darle un enfoque estratégico, vinculándola con la innovación y con la ampliación del capital social, particularmente el que circula en grupos vulnerables. Eso implicaría que los organismos a cargo del diseño de los programas de internacionalización dejen de pensarlos en forma convencional. Implicaría que los inscriban en un escenario de cooperación solidaria y ubiquen a socios interesados en consolidar a los establecimientos emergentes, ayudándolos a construir una oferta de calidad pero acorde con sus propósitos propios y con los perfiles reales de sus estudiantes.

En suma, sería importante socializar las escasas experiencias de internacionalización focalizada en instituciones de educación superior no tradicionales (Rosado May y Osorio, 2014; Navarrete, 2013). Sería preciso auspiciar programas de incentivación a la internacionalización, que contribuyan a mejorar la calidad de los establecimientos de educación superior no universitarios, duplicando experiencias exitosas como el programa de cooperación bilateral entre Francia y México en ingeniería (MEXFITEC) en las universidades tecnológicas. Sería necesario diseñar estrategias para acelerar el tránsito de una dinámica exógena de internacionalización, fundamentada en movilidades salientes, responsivas a propuestas externas y elitistas, con impactos individuales) a una endógena (basada en co-inversiones, reciprocidad de intereses y responsabilidades, proactiva y con beneficios abiertos a toda la comunidad). Para ello, habría que diseñar políticas integradas de internacionalización in situ, que abarquen la producción y traducción de materiales de enseñanza, la enseñanza de lenguas extranjeras, el diseño de los planes y programas de estudio, la invitación a profesores y docentes extranjeros, el apoyo a proyectos internacionales de investigación, docencia y difusión (Musselin, 2014), además de las actividades que, convencionalmente, se suelen hacer cuando se quiere “internacionalizar” una IES.

Referencias:

  • De Escobar, Vielka (2014). Internacionalización de las universidades oficiales en Panamá: Viabilidad, institucionalización y sostenibilidad para la garantía de la calidad de la educación superior universitaria [en línea]. OBSMAC, IESALC-UNESCO. Disponible en: http://www.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=1786&Itemid=1147&lang=es

 

  • Didou Aupetit Sylvie y Vielka de Escobar (Coords.) 2014. Internacionalización de la Educación Superior y la Ciencia en América Latina: Un Estado del Arte. UNESCO-IESALC y Universidad de Panamá, 220 p. Disponible en:

http://www.iesalc.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=2460&Itemid=1389&lang=es

 

  • Musselin, Christine (Abril 2014). Entrevista. Disponible en: http://www.unesco.org.ve/index.php?option=com_fabrik&view=details&formid=9&rowid=46&lang=es.

 

  • Navarrete, David y Yolanda Leyva (2013) “Una propuesta de acción para la inclusión social en el posgrado: el Programa Internacional de Becas (IFP) en México: sus objetivos, diseño y resultados”, en Pueblos indígenas y educación. Quito, Núm. 63, pp. 205-232.

 

  • Oviedo Mendiola, María Cecilia (2014) “Estudiantes mexicanos de Educación Superior en Suecia” [en línea]. OBSMAC, IESALC-UNESCO. Disponible en: http://www.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=3528:estudiantes-mexicanos-de-educacion-superior-en-suecia&catid=199:movilidad-estudiantil-expertos-opinan&Itemid=771&lang=es.

 

  • Ramírez Bonilla, Juan José (2014) “Internacionalización de la educación superior. Experiencias de cooperación académica en la región del Pacífico” [en línea]. OBSMAC, IESALC -UNESCO. Disponible en: http://www.unesco.org.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=3546:internacionalizacion-de-la-educacion-superior-experiencias-de-cooperacion-academica-en-la-region-del-pacifico&catid=201:experiencias-y-programas&Itemid=770&lang=es.

 

  • Rosado May, Francisco y María Cristina Osorio Vázquez (2014) “Construyendo Interculturalidad a través de Movilidad Académica Estudiantil: Experiencias UIMQroo”, en Didou Aupetit, Sylvie (Coord.) Los Programas de Educación Superior Indígena en América Latina y en México: Componentes Tradicionales y Emergentes”. México: UNESCO-IESALC, CONALMEX, OBSMAC, pp. 153-168. Disponible en: http://www.iesalc.unesco.org.ve/index.php?option=com_fabrik&view=details&formid=2&rowid=176&lang=es.

[1] Sylvie Didou Aupetit es investigadora del DIE- CINVESTAV y coordinadora general de la Red RIMAC

[2] http://www.uadyglobal.uady.mx/index.php?modulo=contenido&id=129

[3] http://www.uv.mx/internacional/dgri/

[4]http://sitios.itesm.mx/va/formacionintegral/internacionalizacion/home.html

[5] http://www.udem.edu.mx/Esp/Noticias-Eventos/Pages/Noticias/2013/mayo/mantiene-udem-liderazgo.aspx